viernes, 1 de abril de 2016

ESTO ES LO QUE LA GENTE HACE POR DINERO


La pregunta de hasta dónde puede llegar una persona por dinero es clásica. “Todos tenemos un precio” es un axioma repetido una y mil veces en nuestro mundo capitalista, hasta el punto que la gente asume que así es, sin discutirlo ni un instante. La pregunta que sigue, lógicamente es “¿cuánto?”. A principios de los noventa, una época bastante naif vista en perspectiva, hubo dos películas consecutivas que escenificaban el dilema en modo romántico.


La más conocida fue “Proposición indecente” (1993), comidilla en todas las tardes de café burguesas por aquel entonces, en la que un millonario (Robert Redford) ofrecía a una pareja en problemas económicos (Demi Moore y Woody Harrelson) un millón de dólares a cambio de pasar un fin de semana con ella. Tan sólo un año antes se había estrenado 'Honeymoon in Vegas'. Con una joven e insulsa Sarah Jessica Parker, un Nicholas Cage sobreactuado, para variar, y un James Caan en sus horas más bajas. La película pasó sin pena ni gloria, pero el planteamiento –aunque humorístico– era prácticamente el mismo, y similares los dilemas morales añadidos.
Un millón no vale por una vida de vergüenza, pero por mil millones puedo permitirme transformar mi existencia
Hace tiempo que esa moralina fue superada en la vida real y que esos juegos de salón dejaron de epatar a la burguesía y quedaron para alimentar canales basura de Youtube en los que tipos trajeados intentan “comprar” a la mujer de otros por 10 o 100 mil dólares. Ahora, en plena cultura de la crueldad y el ridículo “televisados”, la cuestión es ver cuánto hay que subir la apuesta y cuanta degradación se puede obtener a cambio. La mujer (o el marido) del personal ha pasado a ser, más o menos, un chiste inocente.


Ejemplos sobran. El ultimo, una pregunta en Reddit: “¿Qué cosas no harías por un millón de dólares pero sí por un billón?” (un billón americano, se entiende, es decir, mil millones de dólares). La pregunta va por los 200 comentarios de respuesta. Curiosamente, ninguno de ellos alude a ningún acto que pudiese considerarse lejanamente heroico aunque arriesgado o dañino.


 No. Todos y cada uno de los que contestan asumen que quien paga deseará específicamente que el que recibe el dinero pase por algún tipo de humillación “indescriptible”. No hay mucha imaginación en los comentarios, en realidad, pero es interesante leer las “mejores” respuestas para hacerse una imagen de lo que hoy consideramos humillante o terrible en el primer mundo. También para ir tanteando nuestro propio umbral de dignidad, si es que esa palabra sigue teniendo algún significado.


En realidad, la respuesta de un usuario, de nombre sing-por, lo resume bastante bien: “Tengo problemas para imaginarme algo que no haría por ese dinero”.



En el fondo del barril

Lefthandedsock afirma, por ejemplo, que se cortaría un dedo: “¿Por un millón? Nones. Puedo tener una vida bastante buena con lo que gano y todos mis dedos, pero ¿por mil millones? Podría tener una vida ALUCINANTE, con dedo o sin él”. A continuación, Brickmack sube la apuesta a un brazo entero: “luego”, explica, astuto él, “le ofrecería 50 millones a un equipo de investigación en prótesis que pudiese hacerme un brazo funcional controlado cerebralmente”.


CDC, por su parte, afirma que, por el simple millón, “sería el juguete sexual de quien fuese durante un mes. Aunque ¿para qué querrían a un tipo de casi 140 kilos y más de metro noventa? Ni idea… pero hay gente metida en cosas más raras… Podrían mancillarme a su gusto, hacerme las cosas más desagradables. Podrían proyectar las inseguridades que ellos quisieran sobre mí. ¿Quieren vestirme de colegiala y hacerme saltar con un cangurín? Vale. Lo haría por un millón. Pero si hablamos de mil millones, entonces es que estoy deseando hacerlo”. Otro usuario afirma que “Dejaría que un montón de tíos se corriesen sobre mí en la televisión nacional. Un millón no vale por una vida de vergüenza, pero por mil puedo permitirme transformar mi existencia”. En su línea, SneakyStalin dice que “honestamente, haría cualquier cosa que no me jodiese la vida de manera permanente: ¿Romperme una pierna? Claro que sí. ¿Qué un montón de tíos peludos me follaran durante una hora? Seguro, ¡estaría feliz de hacerlo!”. 

Este, sin embargo, es de los pocos que tienen una línea roja, y aunque su dignidad personal no le importa nada, lo que piense el resto del mundo al respecto sí: “No pasaría por que se grabase y se distribuyese. No quiero que esa mierda me siga el resto de mi vida”.

¿Patearías a un cachorrito? ¿Lo golpearías hasta la muerte? ¿Te comerías el brazo de alguien vivo?

Hasta ahí, tenemos amputaciones y humillaciones sexuales, registradas o secretas
El usuario appyCoCo, sin embargo, se salta una hipotética legalidad al asegurar que por ese dinero “mataría a un hombre”. 

Creo que el chico no ha entendido aún que por eso se cobra mucho, mucho menos, hasta en el país más rico. Pobre.
Quizá el mejor enfoque sea el de flargenhargen, que, “por diversión”, esboza una serie de preguntas añadidas. Un “¿harías usted esto?” al que el lector puede responder o añadir sus propias preguntas, para así engrosar esta patochada universal de la infamia en la que todos, de un modo u otro, estamos inmersos. Ahí van algunas: “¿Patearías a un cachorrito? ¿Lo golpearías hasta la muerte? ¿Te comerías el brazo de alguien vivo? ¿Lo harías contra su voluntad? ¿Te acostarías con tu madre? ¿Te acostaría con tu hermana? ¿te acostarías con la hermana de tu amigo, dos semanas después de que hubiese muerto en un accidente de coche? ¿Pasarías el resto de tu vida desnudo? ¿Pasarías el resto de tu vida sin hablar? ¿Te cortarías una pierna, o las dos? ¿Un brazo, o los dos? ¿Permitirías que aplicaran la eutanasia a tus padres cuando llegaran a los setenta? ¿Te retirarías a una isla desierta, con internet pero sin poder recibir visitas? ¿Tendrías relaciones sexuales de un tipo que odies con alguien del sexo que no te atrae cada día del resto de tu vida? ¿Aceptarías que todas las personas que conocieses dejasen de verte y hablarte seis meses después de conocerlas? ¿Y no poder salir nunca más al aire libre? ¿y no poder vivir de nuevo bajo techo? ¿Y no poder usar nunca más un vehículo? ¿Y no poder lavarte nunca más?”


Las posibilidades son, como apunta el mismo usuario, infinitas, y probablemente casi todos tenemos la suerte de que nadie vaya a poner jamás ese dinero encima de la mesa. Así podemos conformarnos con que nos paguen cincuenta pavos por un artículo, o nada por una colaboración. O lo que sea, y seguir sosteniendo una máscara de dignidad “pobre pero honrada”.



¿Qué harías por cinco dólares?

Si quieren seguir este experimento por los suburbios morales del Occidente de los centros comerciales, basta con rastrear Youtube y otras plataformas para encontrar lo que la gente haría por las cantidades más diversas: por 5 dólares, por 100 dolares o, hipotéticamente (nadie suelta esa pasta, no nos engañemos), por un millón.

También se pueden encontrar sin profundizar demasiado, encuestas caseras en las que la gente responde sobre cosas que sí haría por diversas cantidades. En una de tantas, el que la ideó valora “pintarse el pelo de rojo durante un mes” en 50 euros, “lamer las axilas y los pies de un vagabundo” en 100, “pasearse desnudo por la calle una hora” en 1.000, “donar un trozo de hígado” en 9.000, “jugar a la ruleta rusa” en 22.000 y “matar a alguien en España” en 99.000. Todo en euros, en este caso.

El mensaje es simple. Viene a decir: “asúmelo, eres basura, no tienes un duro y harías prácticamente cualquier cosa por tenerlo”. O como contesta Universal-Cereal-Bus a la pregunta en Reddit “probablemente haría cualquier cosa que Meat Loaf no haría por amor”. Y ya sabemos que Meat Loaf haría “cualquier cosa” por amor. Excepto “eso”.

En todo caso, y eso cierra el debate, la televisión descubrió hace tiempo que era relativamente sencillo conseguir que la gente se humillase a sí misma completamente gratis. Quizá la pregunta que viene no sea “¿por cuánto dinero puedo humillarte?”, sino “¿cuánto me vas a pagar para que lo haga?”.

jueves, 31 de marzo de 2016

7 SEÑALES QUE INDICAN QUE ESA PERSONA ¡AMABLE! TE VA A HACER DAÑO



Aunque solemos pensar en el miedo como una emoción negativa que es mejor no experimentar, lo cierto es que es un importante mecanismo de supervivencia, que necesitamos para no meternos en líos. Si no sintiéramos miedo nuestro comportamiento sería siempre temerario, por lo que nuestras probabilidades de morir en un accidente se multiplicarían.


El miedo es también una emoción útil para evitar agresiones de otras personas, pero por desgracia no siempre funciona como debiera. Podemos sentir miedo cuando volvemos a casa por una calle a oscuras perfectamente segura, y estar tan tranquilos cuando lo hacemos acompañados por un ligue que acabamos de conocer que bien puede ser un psicópata.

De hecho, la gente más peligrosa es aquella que sabe ocultar sus oscuras intenciones bajo una fachada de amabilidad o compromiso. Individuos narcisistas, con dificultad para experimentar empatía, a los que no les importa pasar por encima de otra gente para cumplir sus objetivos.


Una experiencia vital


Gavin de Becker es el principal experto estadounidense en la predicción de conductas violentas. Hijo de una familia desestructurada, en la que las palizas eran corrientes, con 10 años vio como su madre, que era adicta a la heroína, disparó a su padre, mientras su hermana de dos años de edad dormía en su dormitorio. A los 16 su madre se quitó la vida, pero la suya cambió cuando fue adoptado por la cantante actriz Rosemary Clooney –la tía de George Clooney–.




Gracias a su experiencia para prevenir y evitar la violencia, y a los contactos que tenía su madre adoptiva, de Becker empezó a trabajar como guardaespaldas de los famosos de Hollywood, y acabó siendo el gurú de la seguridad en Beverly Hills.
En 1999 de Becker publicó 'El valor del miedo' (Urano), el superventas en el que explica qué miedos están justificados y cuáles no, y cómo leer las piezas del rompecabezas que supone la violencia humana.

En un capítulo del libro, de Becker explica cuáles son los signos reveladores de que una persona está tratando de controlarnos, engañarnos y, en definitiva, hacernos daño. Estar pendiente del uso de estas técnicas de manipulación, asegura, es la mejor forma de identificar a un depredador y evitar convertirse en una de sus víctimas.



1. Usar la “agrupación forzosa”


Esta técnica, conocida en inglés como 'forced teaming', consiste en integrar a las víctimas en un espacio común que no existe, utilizando siempre la primera persona del plural, para fingir una falsa integración.



Usar “nosotros” para referirse a algo que sólo interesa a uno mismo es una clara señal de narcisismo, pero es además una fórmula que utilizan los criminales –muy típica, por ejemplo, en la violencia machista– para hacer creer a la víctima que está de su lado. A muchas personas les cuesta defenderse de la agrupación forzosa, porque es difícil hacerlo sin parecer maleducado.



2. Encasillar


Los artistas del engaño suelen encasillar a sus víctimas para conseguir enseguida toda su atención. La técnica consiste en lanzar un pequeño insulto o comentario mordaz, fácil de esquivar, para así lograr entablar conversación con una persona desde una posición privilegiada, de dominio.

Esto ocurre, por ejemplo, cuando un hombre entra en un bar y le dice a una mujer que es demasiado esnob para hablar con él. Puede que la víctima le mande a freír espárragos (y haría bien), pero es muy probable que acabe charlando con quien no debe.

Tal como explica de Becker, la mejor defensa contra los encasillamientos consiste en ignorarlos por completo, pues prestarles atención es justo lo que quiere el posible agresor.



3. Ser encantador


Como han demostrado diversas investigaciones, muchos más hombres que mujeres poseen lo que en psicología se conoce como la “triada oscura”, que consiste en tener remarcables rasgos de personalidad basados en el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo. Esto incluye una actitud dominante y una concepción de uno mismo grandiosamente distorsionada.
Imagen | ask.fm

Este tipo de personas suelen ser criminales –al menos en potencia–, pero se caracterizan por ser tremendamente atractivos en un primer momento (además de ser excelentes amantes). Esto, obviamente, no quiere decir que todas las personas encantadoras sean criminales, pero sí que la mayoría de criminales encandilan a sus víctimas para, después, aprovecharse de ellas. Por ello debemos pensar si alguien es verdaderamente amable o su actitud es solo una fachada para jugárnosla en el momento adecuado.



4. Dar promesas no solicitadas


Dice el refrán latino 'excusatio non petita, accusatio manifesta'. Sospecha siempre de un extraño que promete cosas a la ligera para reforzar su discurso, porque es muy probable que no tenga ninguna intención de cumplir con lo pactado. Las promesas, asegura de Becker, sólo revelan la intención de nuestro interlocutor de convencernos de algo.



5. Dar muchos detalles


Cualquier estafador trata de distraer a sus víctimas para que no se sientan en peligro, y para ello mienten sobre su vida, su situación y, claro está, sus verdaderas intenciones. Existen varias técnicas para pillar a un mentiroso, pero quizás uno de los signos más claros de que alguien está inventando algo o trata de ocultar información es la profusión exagerada de detalles que ofrece.
Cuando alguien está diciendo la verdad no tienen dudas, así que no se siente en la obligación de aportar muchos detalles a su relato

Imagen | twitter.com

Conscientes de que las historias demasiado esquemáticas pueden parecer sospechosas –aunque, en realidad, son las más habituales–, los mentirosos tienden a adornar su discurso con toda clase de detalles que nadie les ha pedido en un intento desesperado por conseguir credibilidad. “Cuando la gente está diciendo la verdad no tienen dudas, así que no se sienten en la obligación de apuntalar su relato con detalles extra”, explica de Becker. “Cuando la gente miente, sin embargo, aunque lo que digan suene creíble para ti no suena creíble para ellos, así que siguen hablando”.

Además, al ofrecer muchos detalles falsos los agresores crean en sus víctimas la sensación de que saben muchas cosas de ellos cuando, probablemente, les acaban de conocer.



6. Utilizar la usura emocional


Los estafadores usan una peculiar forma de usura para tratar de que te sientas en deuda con ellos. El proceso es el siguiente: tienen algún pequeño detalle contigo para, después, intentar que les hagas un gran favor. Vamos, que les das la mano y te cogen el brazo.

De nuevo, apunta de Becker, esto no significa que toda la gente que te haga un favor planee recibir algo mayor a cambio, pero es mejor estar atentos a nuestra intuición y tratar de percibir otras señales que indiquen que esa persona quizás no es tan generosa como aparenta ser.


7. Ignorar la palabra “no”

De Becker asegura que no debemos fiarnos de nadie que ignore por sistema las negativas: “Negarse a escuchar la palabra 'no' es una señal de que la persona está buscando controlarnos o se niega a ceder el control que ya tiene. Si dejas que alguien te impida decir que 'no', llevas encima un cartel que dice 'tú estás al mando”.  

CUALIDAD MÁS IMPORTANTE QUE DEBE TENER UNA PAREJA.


La web está llena de consejos. El mundo digital es casi un consejo permanente y multiforme encarnado en listas de lo que debes hacer y lo que no debes hacer, lo que indica de manera simple que detrás de todo ello hay un “consumidor”, el que clica en todas esas páginas baratas de refrito superacional: un “consumidor” que, esencialmente “no sabe lo que hacer” y que prefiere que se lo digan antes que salir a buscarlo con esa vieja arma algo oxidada ya del sentido común.
Un paseo de minutos nos arroja, sobre el tema de la pareja, un aluvión de obviedades más o menos articuladas: no guardar secretos, no dar las cosas por hechas, sacar tu verdadero yo, confiar en el otro, aprender a comunicarte y otra serie de vaguedades.

Imagen | somnosana.com

Normalmente, la sinceridad por delante. Fácil de decir. En contra de algunos de estos tópicos –aunque tópico en sí mismo– el doctor Peter Pearson (del Couples Institute de California) sostiene en su reciente estudio que los “intereses similares”, el deseo físico y otras obviedades no son lo más importante para el triunfo de un proyecto de pareja sana de largo recorrido. No los descarta, desde luego, como factores benéficos, pero opina, desde un punto de vista quizá mercantilista, pero clásicamente agudo, que lo importante son los valores.

Los “valores nucleares” que pueden sostener una relación larga tienen mucho que ver con la definición de “ambición” de nuestro diccionario

"¿Valores?", se preguntará el lector, "¿qué era eso?" No se asusten, no se habla aquí de los “valores morales”, de ese conjunto de normas interiorizadas por el ser humano (parte viniendo de la costumbre, parte de la propia experiencia, en una amalgama siempre conflictiva) que nos dotan de una percepción particular de lo que está “bien” y lo que está “mal”. Pearson, pragmático en extremo, postula en cambio una idea de valor que (como se puede ver en esta entrevista con 'Tech Insider') se parece más al concepto tradicional de “ambición”.
Decía el filósofo Antonio Escohotado que “sólo las culturas funerarias tienen academias de la Lengua”. Como somos una de esas culturas, de vez en cuando está bien recurrir a esa academia en busca de nuestras definiciones colectivas, quizá equivocadas, pero siempre sintomáticas.



Imagen | www.okchicas.com


La RAE define “ambición” como el “deseo ardiente de conseguir algo” o la “cosa que se desea con vehemencia” (sean el poder, la riqueza, la calma o cualquier otra). En cuanto a “valor”, en ninguna de las acepciones se acerca la Academia a la hipótesis “moral”, si bien trata la económica con profusión. Una de las definiciones, es, sin embargo, “cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables”.

Bien, en el concepto de Pearson, los “valores nucleares” que pueden sostener una relación larga tienen mucho que ver con la definición de “ambición” de nuestro diccionario: aquellas personas que “desean ardientemente” conseguir lo mismo, que “desean con vehemencia” lo mismo, tienen más probabilidades de mantener una relación duradera y fructífera que aquellas que, compartiendo afinidades sutiles y sexo perfecto, difieren en esa ambición.



Dime a qué aspiras en la vida


“El tirón hormonal que sientes cuando ves a alguien que te atrae puede parecer el factor más importante al principio”, argumenta, “pero esas reacciones químicas 'se difuminarán con el tiempo', mientras que tus valores nucleares seguirán ahí”.



 “Tener intereses similares y hobbies parecidos puede ayudar”, sigue, “pero aunque sean distintos, esos hobbies y actividades pueden negociarse, mientras que los principios fundamentales no”. Unas cosas, pues, se desvanecen inevitablemente, otras se negocian: sólo compartir lo inmutable es necesario. Y ese elemento “inmutable”, o al menos realmente duradero, es la ambición, esa colección de “intereses” que no pueden ser asimilados al “hobby” o a la “afición”, sino que forman parte esencial de tu personalidad (al menos en un sentido neocapitalista de la personalidad).

“Si tú prefieres las pelis de crímenes”, ejemplifica, “y tu compañero las románticas, se puede negociar como adultos y llegar a acuerdos sobre el tema. Sin embargo si tu ambición vital es hacerte rico y a tu compañero no le importa nada eso, podrías encontrarte con problemas”.

Dos personas que no se conocen bien pueden acabar negociando las nimiedades fungibles de la existencia, hasta llegar a un punto aceptable para ambos

Él mismo, dice, ha tratado a parejas con ese problema: “En un caso, él estaba construyendo una casa enorme con vistas sobre el mar, y ella no quería gastar dinero en aquella cosa ostentosa. Ella sentía un enorme desdén por aquel proyecto que para él era el sueño de una vida”. No sabemos cómo terminó el 'affaire', mal, suponemos. En todo caso, Pearson advierte que sin compartir ese elemento, la entente “no va a funcionar, y todas las cosas pequeñas crecerán hasta tener unas proporciones enormes”.


No es su postura muy distinta a la de los viejos defensores del matrimonio de conveniencia, que venían a decir que dos personas que no se conocen bien pueden acabar negociando las nimiedades fungibles de la existencia, hasta llegar a un punto aceptable para ambos, mientras compartan la raíz de una ambición mayor.

En aquellos casos, la ambición mayor era proporcionada por la familia, no había ni que preocuparse de construirla personalmente. En el caso de Pearson, al menos concede al individuo su capacidad para “el sueño”. Una versión americana de la compraventa, pues, más fácil de tragar y no exenta, en fin, de cierta razón, una vez superada la programación sentimental a la que nadie es inmune.

miércoles, 30 de marzo de 2016

75% DE LOS USUARIOS CAEN EN LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA

Un smartphone puede durar varios años si no sufre ningún accidente, pero tres de cada cuatro usuarios cambian cuando éstos todavía funcionan para adquirir modelos más actuales, según los datos de una tienda dedicada a la compra-venta de dispositivos electrónicos usados. Locompramos.es ha analizado el comporamiento de sus usuarios a la hora de renovar su teléfono móvil y ha encontrado que el 75 por ciento revende su teléfono móvil aunque aún funcione para comprarse uno más avanzado.



En España, y según datos aportados por esta tienda online, se venden al año unos 200.000 móviles, cuya vida útil, es decir, el tiempo que se ha estimado que funcionará el dispositivo desde su fabricación, es de unos cinco años. Sin embargo, la mayoría de estos móviles son desechados antes de que de dejen de funcionar o se estropeen.
Es decir, aunque el móvil aún funcionen, la obsolescencia programada -subjetiva en este caso- entra en juego. El motivo parece encontrarse no tanto en el tiempo durante el cual los usuarios pueden hacer uso de sus teléfonos móviles, sino de la percepción que ellos mismos adquieren sobre el momento en que su dispositivo queda obsoleto: cuando aparecen nuevos modelos más avanzados, que incluyen nuevas funciones o han mejorado sus características.



Revender antes que tirar


Es necesario acabar con esa mentalidad totalmente obsoleta de usar y tirar, porque para la fabricación de esta tecnología se utilizan componentes altamente contaminantes

Imagen  | tecnovortex.com

Así, el 75 por ciento de los usuarios podría revender sus dispositivos bien porque considera que el modelo que utilizan es muy inferior a los modelos que actualmente se están comercializando bien porque, aunque tienen un dispositivo avanzado, un smartphone, consideran que su uso ha quedado obsoleto al aparecer una versión aparentemente mejorada. Normalmente, los acelerados planes de renovación del catálogo de las compañías y sus estrategias de marketing y publicidad suelen inducir a un usuario a pensar que un móvil está obsoleto, aunque no lo esté.

"Es necesario acabar con esa mentalidad totalmente obsoleta de usar y tirar, porque para la fabricación de esta tecnología se utilizan componentes altamente contaminantes", ha explicado el director general de Locompramos.es, Enrique Aguilar.

La empresa española quiere motivar el reciclaje pero, sobre todo, incentivar un uso de la tecnología más racional. La firma ha estimado que en España solo uno de cada diez dispositivos es reutilizado y solamente un 5 por ciento de la población opta por la compra de un terminal de segunda mano para sustituir el anterior.

ELECTRODOMESTICOS ECHOS PARA DURAR MENOS QUE 1 AÑO


Los electrodomésticos alemanes duraban 14,1 años en 2004, un año menos que en 2013, según un estudio de la Universidad de Bomm


¿Están los electrodomésticos programados para durar menos tiempo? Es lo que mantienen los partidarios de la llamada obsolescencia programada, una teoría que defiende que los aparatos están hechos para durar un tiempo determinado, como forma de fomentar el consumo y así hacer que la rueda del capitalismo siga girando. Prueba paradigmática de sus partidarios es la famosa bombilla de la estación de bomberos de Livermore (California) que se mantiene encendida desde el año 1901.


Los investigadores del Instituto Oko y la Universidad de Bonn no han podido probar que haya una intención oculta por parte de los fabricantes para que los aparatos sean más y más efímeros, pero si que han logrado acreditar que en la última década los electrodomésticos alemanes han perdido de media un año de vida, desde los 14,1 años de 2004 hasta los 13 años de 2012 y 2013. En concreto, los frigoríficos duran ahora 12,6 años; las lavadoras, 11,9, y los lavavajillas, 12,4.


Vertederos, centros de reciclaje y contenedores han sido testigos de excepción de esta situación: si en el año 2013 los aparatos que se tiraban tenían una vida media de 13,7 años, los de hace una década no llegaban al contenedor hasta que tenían 16 años de vida.

Imagen | maxiservicios.co


El problema se extiende a toda clase de electrodomésticos: los televisores de pantalla plana aguantaban 5,7 años de media en 2007 frente a los 4,4 del 2010. Los ordenadores portatiles pasaron de 5,4 años en 2004 a 5,1 años en 2012. Las batidoras, de 12,1 años a 11 años en el mismo periodo.



Un problema para el medio ambiente


La extensión de este fenómeno tiene dos consecuencias: cada vez hay más basura y cada día se consumen más recursos. La Agencia Alemana de Medio Ambiente ha puesto el grito en el cielo tras conocer estos datos. "Los aparatos tienen una vida útil que cada vez es más corta y eso desde el punto de vista ecológico es inaceptable", denuncia Maria Krautzberger, presidenta del ente.


Imagen | www.blogdelg.es

Además, estos aparatos con una vida útil más breve también son más nocivos para el medio ambiente. Los investigadores citan un ejemplo concreto: "La necesidad de energía y el impacto en el calentamiento global de una lavadora con cinco años de vida es un 40% superior que la que puede tener una que aguante 20 años", aseguran.



El modelo 'low cost'

Los efectos de esa obsolescencia programada están íntimamente ligados a la extensión del modelo 'low cost'. Los procesos de fabricación cada vez son más breves y más baratos, los técnicos cada vez están menos preparados y las calidades de los productos cada vez son más bajas. En 2004, solo el 3,5% de los aparatos de menos de cinco años de vida fue sustituido tras sufrir una avería; en 2012, ya eran el 8,3%.



Todo para conseguir un producto que cada vez es más barato y que cuando se rompe ya no se repara, como antaño, sino que se sustituye. De hecho, el 30% de los aparatos alemanes que fueron reemplazados por uno nuevo en el año 2012 funcionaban perfectamente.

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: FEMINISMO POP




El debate de género en la cultura pop está cada vez más caliente. Un día Beyoncé se declara feminista, otra Eva Amaral contesta a un fan que la llama “zorra” y el siguiente Taylor Swift, princesa pop presuntamente manufacturada, avergüenza a los directivos de Apple. Por eso pedimos una entrevista con Laura Sales, activista del feminismo, investigadora de la Fundación Surt y colaboradora de Ladyfest. También fue una de las firmantes del polémico artículo “Machismo gafapasta”. ¿Cuál será el próximo conflicto pop sobre la dominación de género?



Pregunta. Esta semana Lena Dunham contestó al suplemento Tentaciones por usar el photoshop en una de sus portadas (en realidad, el adelgazamiento fue obra del fotógrafo). ¿Estamos ante un caso aislado o las celebridades femeninas cada vez contestan más a la manipulación de los medios?

Imagen | www.taringa.net

Respuesta. Hay algunos casos, pero muy pocos aún. La postura de Dunham es excepcional porque su trabajo parte precisamente de la reivindicación de un cuerpo que no se adapta a los cánones (aunque tampoco se aparta demasiado). Otras celebridades no denuncian siempre estos casos, ni están tan posicionadas políticamente. A veces en estas reivindicaciones se cruzan también intereses empresariales, como hacen las marcas de moda o cosméticos que venden una supuesta “belleza real”, que no es tan real ni diversa, para lucrarse con la sensibilidad feminista más o menos explícita que tenemos muchas mujeres. En cualquier caso, me parece importante que critiquen el uso de Photoshop y que los medios de comunicación se hagan eco y se genere debate sobre las imágenes de las mujeres en los medios.



P. ¿Qué medidas prácticas se podrían adoptar?

R. Por ejemplo, desarrollar herramientas para combatir el retoque fotográfico como forma de publicidad engañosa. Con esto no quiero decir que la gente sea idiota y no sepa separar la realidad de la ficción, ni que las imágenes tengan un impacto directo en los comportamientos. Pero éticamente el engaño no puede defenderse.


P. Otro incidente muy comentado: hace unos días, un chico llamó “zorra” a Eva Amaral cuando estaba tocando en una fiesta de Radio 3. Ella contestó que “sí, macizorra”. ¿El humor, en vez de la confrontación directa, te parece buen recurso para enfrentarse a este tipo de machismo?

R. Depende. El humor es un recurso más. Cuando la agresión es directa es más efectiva la confrontación directa. El humor puede trivializar esa agresión. También hay que tener en cuenta que negarle a las feministas el derecho a enfadarse es una forma de machismo. Y el humor también es en sí mismo una forma de subvertir la feminidad tradicional. Hay pocas mujeres humoristas aún.

Imagen | www.batanga.com

P. Subiendo un nivel de hostilidad, está el juicio por abuso de Ke$ha contra Dr. Luke, que la prensa británica está describiendo como una trinchera central de la lucha feminista. ¿Hasta qué punto estás de acuerdo?



R: Decir “trinchera central” es mucho decir. En los feminismos tenemos muchos frentes abiertos y si por algo se distinguen los feminismos es por su descentralización y diversidad. Los casos mediáticos de abusos sexuales ayudan a visibilizar la lucha contra la cultura de la violación, que sigue responsabilizando de los abusos a quién los sufre, e impregna también la administración de justicia. Además, el caso es relevante para las luchas feministas en otros sentidos. Por ejemplo, muestra que los abusos afectan a mujeres de diversas clases sociales, etnias, procedencias, etcétera. Toca a la industria musical, como mecanismo capitalista que sostiene el control patriarcal. Y al ser Ke$ha la afectada, sitúa en el centro del debate la relación entre las representaciones culturales sexistas y las violencias machistas.

P. En este caso, no solo parece importante la reacción de Ke$ha, sino la empatía que ha despertado, con Adele dedicándole un Grammy y Taylor Swift donando 250.000 dólares para gastos legales. ¿Crees que, en los últimos años, ha crecido la solidaridad entre estrellas femeninas del espectáculo? ¿Se te ocurren otros ejemplos?


R. Hay algunos ejemplos, pero no conozco suficientemente la cuestión. La sororidad entre mujeres siempre ha ocurrido, más de lo que la gente piensa, en el espectáculo y fuera del espectáculo.

P.  La palabra “feminismo” está siendo cada vez más reivindicada por celebridades como Beyoncé, la periodista Caitlin Moran o la escritora Chimamanda Ngozi Adichie. ¿Dirías que vivimos un renacer feminista o es un espejismo? Pregunto esto último porque en las encuestas del CIS -barómetro de enero 2015- solo un 1,5 por ciento de la población se define como feminista.

R. El feminismo lleva muy vivo varios siglos y en muchos ámbitos sociales y culturales; no necesita renacer. Hay activismo feminista en todo el mundo, en todo tipo de organizaciones, en las instituciones y en grupos informales, y no todos utilizan el término “feminismo”. Es de un reduccionismo extremo que los medios de comunicación sitúen la lucha feminista únicamente en lo que dicen las estrellas del espectáculo: éste es sólo uno de los ámbitos de prácticas feministas.


 Dicho esto, me parece bien que en la cultura popular mercantilizada y más multitudinaria se vuelva a decir “feminismo”, porque genera debate social, pero dentro de ese debate se tiene que considerar también que cuando Beyoncé habla de feminismo, lo hace con muchos problemas y contradicciones. Si se obvia ese matiz, existe el riesgo de invisibilizar y trivializar las luchas feministas que se dan sobre el terreno en todo el mundo. El barómetro de opinión del CIS no sirve para analizar la extensión social del feminismo, porque lo que valora es la autodefinición de las personas como feministas y no sus prácticas cotidianas de acuerdo con los valores de la equidad de género. Hay quien se refiere a este fenómeno como “feminismo difuso”.




P. ¿Qué proyectos te parecen interesantes para fomentar la igualdad de género?

R. Hay muchas iniciativas, por suerte, en muchas ciudades de España. Por ejemplo colectivos como Sisterhood en Madrid y muchísimos más, gran cantidad de fanzines, festivales como ‘Princesas y Darth Vaders’ y todos los Ladyfest y festivales afines. Son iniciativas culturales que entienden la cultura como política y que están en conexión con el activismo feminista en las calles. Yo estoy participando ahora en Ladyfest Barcelona (23-26 de junio), que quiere tejer redes con muchos de estos proyectos. Es un festival de música y arte concebido desde los feminismos, autogestionado y anticapitalista, que pretende visibilizar y poner en valor las prácticas artísticas de mujeres, lesbianas y trans, combatir las actitudes machistas, promover la autoorganización y el activismo feminista, y crear más espacios festivos seguros y libres de agresiones. ¡Entre otras cosas! Haremos lo que podamos y lo pasaremos bien.